Égodata
La evanescencia identitaria en la era de las tecnologías omnívoras
Égodata es el fruto de cinco años de investigación-creación en el marco del proyecto Entropie. Su versión final fue develada en 2023 durante el Festival PHOS de Matane (Quebec, Canadá), articulando un conjunto de cuestionamientos transdisciplinarios sobre la obsolescencia programada del yo por las redes informatizadas.
Obra autófaga
Égodata es una instalación interactiva, evolutiva y autodestructiva. En esta obra de arte digital, los retratos de los visitantes son detectados y proyectados en tiempo real sobre una superficie modular de proyección, que es destruida pieza por pieza por una máquina robótica.
Al entrar en la galería, el visitante inicia un proceso de autodisolución digital y física. La obra, metrónomo visual de la precariedad identitaria, opone a la permanencia ilusoria de la selfie una verdad física implacable: a toda huella digital corresponde un principio de autodestrucción.
Égodata se presenta como una experiencia inmersiva donde cada visitante es a la vez sujeto y espectador de una metáfora tecnológica. Esta instalación interactiva manifiesta con poesía la paradoja de nuestra condición digital: la búsqueda de visibilidad total en un mundo donde toda huella está destinada a desaparecer.
El dispositivo
La instalación se compone de módulos arquitectónicos autónomos: cada uno comprende dos perfiles de aluminio (piso-techo) que sostienen paneles de plexiglás microperforado, formando una superficie de 1,5 m x 0,75 m. Cada superficie integra más de 4 500 cuadrados blancos (de aproximadamente 1,5 cm²) cortados a mano y fijados al plexiglás con alfileres de acero.
Cámaras y algoritmos de reconocimiento facial permiten proyectar en tiempo real los retratos de los visitantes sobre la superficie de proyección. La detección exitosa de un rostro activa un plotter cartesiano vertical que, mediante un solenoide, extrae un cuadrado, dejando un vacío irremediable en la superficie. La degradación es puramente mecánica y acumulativa.
Mecánica del vértigo
Mediante un juego de sensores y proyecciones en tiempo real, la obra transforma el simple acto de entrar en el espacio en un ritual de autocontemplación (autoscopia). Los rostros surgen en las pantallas como espejos digitales para desencarnarse lentamente. Cada paso acelera la desagregación pixelada, creando una arqueología efímera de las presencias sucesivas, sutil alusión a la ilusión de perennidad alimentada por las selfies y las bases de datos biométricas.
Narciso 2.0: de la mitología a la distopía
La instalación reactualiza el mito fundador de la representación de sí: allí donde Narciso se ahogaba en la contemplación de un reflejo fijo, nuestros contemporáneos navegan en un océano de dobles digitales nunca idénticos. La degradación mecánica y algorítmica de los retratos se propone aquí como antídoto contra la autoidolatría digital, haciendo de la pantalla-espejo una superficie crítica. La entropía visual, inspirada en el principio termodinámico del aumento del desorden, hace de la desaparición programada el resorte mismo del proceso de identificación.
Ética de la huella
Más allá de la proeza tecnológica, Almario formula una constatación política: la vulnerabilidad del individuo frente al apetito mnemónico de las máquinas. Cada imagen corrompida se convierte en un manifiesto contra la vigilancia generalizada, revelando el absurdo de un sistema que pretende fijar al ser en matrices binarias mientras lo reduce a datos perecederos. La interacción humano-máquina se transforma en diálogo existencial: ¿hasta dónde podemos desmaterializarnos sin aniquilarnos?
Retrato del artista como alquimista digital
Nacido en Colombia y establecido en Quebec desde 2011, Paolo Almario (egresado de la UQAC) encarna esa generación de artistas híbridos para quienes el código creativo y el cuestionamiento social son indisociables. Sus instalaciones, a medio camino entre el laboratorio científico y el teatro crítico, exploran las zonas grises donde las tecnologías de representación moldean (y deshacen) nuestras subjetividades.
Resonancias contemporáneas
Entre estética glitch y performance participativa, Égodata funciona como un espejo deformante de nuestra condición posdigital. La obra no se limita a denunciar: materializa físicamente la angustia de una época obsesionada por su propia memoria tecnológica. En un momento en que la identidad se vuelve moneda de cambio y campo de batalla geopolítico, esta vanitas digital recuerda con fuerza que toda construcción de sí lleva en germen su propia disolución.